La incapacidad para soportar lo desagradable varía de un sujeto a otro. No todos tenemos los mismos umbrales o tolerancia al dolor.
Estas diferencias individuales parecen estar determinadas no sólo por la genética, sino tambien por la educación. Una persona que haya sido contemplada, sobreprotegida y amparada de todo mal en sus primeros años de vida, probablemente no alcanze a desarrollar la fortaleza (coraje, decisión, aguante)para enfrentar la adversidad. Su vida se regirá por el principio del placer y la evitación inmediata de todo sufrimiento, por insignificante que este sea.Hay un costo que los “cómodos” no están dispuestos a pagar. El sacrificio los enferma y las molestias los deprime. La concecuencia es terrible: miedo a lo desconocido y apego al pasado.
Dicho de otra manera, si una persona no soporta una mínima mortifiación, se siente incapaz de enfrentar lo desagradable y busca desesperadamente el placer, el riesgo de adicción es alto.No será capaz de renunciar a nada que le guste pese a lo dañino de las consecuencias, y no sabrá sacrificar el goce inmediato por el bienestar a mediano o largo plazo; es decir, carecerá de auto control.
Miguel Torres

















1 comentario:
Las desgracias son la oportunidad para crecer; nadie está libre de problemas y la tensión es parte de la vida.Ver los problemas no como obstáculos sino como desafíos puede que sea la ventaja de los que ya están acostumbrados a sufrir.
Que tengas buena semana Amanda.
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