
Aprendimos en algún momento, siguiendo los consejos de otros (que decían que sabían), a construir una muralla imaginaria que nos separa un poco del mundo y una barrera que nos permitiera determinar qué cosas podían atravesar y qué cosas no.
Gracias a ellas, hemos podido mantener hasta ahora la tibia ilusión de nuestra pequeña cuota de control sobre el mundo y, por extensión, la vanidosa fantasía del absoluto control sobre nuestras vidas

















1 comentario:
Siendo tan solo juguetes
en las manos del destino...
Besos mil
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