
Hay heridas de amor que no se curan con amor sino con independencia...poder decir " soy dueña de mi tiempo, de mi ocio, soy dueña de mí misma", es el mejor antídoto con el que se puede contar, es lo único que nos va a devolver la dignidad ante nosotras mismas.
A veces la propia autonomía no se vive con satisfacción, como una herramienta para crecer, sino como una penitencia, como si se regresára castigada al rincón en el que la vida transcurre en blanco y negro.
Cuando ésto sucede es porque en donde dice independencia se lee soledad y en donde dice soledad se lee abandono.
La autonomía del otro es una cruz con la que tenemos que aprender a vivir desde muy pronto, por fuerte que sean los lazos que mantienen unida a una pareja. Por reiteradas que sean sus promesas de amor eterno, sabemos que hay un reducto de libertad individual que en última instancia, llevará a cada uno a decidir si cumple
o no cumple con su compromiso de lealtad.
Ese territorio es inconquistable del otro, en el que solo reina su independencia, es el punto donde nacen los celos y el deseo.
De esa horrible verdad sólo podemos defendernos con nuestra propia independencia.
Cada uno de nosotros es dueño de su propio territorio. Nadie es dueño de nadie.

















2 comentarios:
Me gusta esa visión positiva:
"Cada uno de nosotros es dueño de su propio territorio."
A veces tengo que recordármelo porque no veo bien mis propios límites.
Un blog muy bonito!!
Sigue así!
Besos
Ser independiente es el privilegio de los fuertes. No debemos cejar en la lucha por conseguirlo.
Un abrazo Amanda
Publicar un comentario